Vaciado gratis en Reus: la resta que decide si hay factura o no la hay

«Si vaciar un piso cuesta trabajo, ¿quién lo paga cuando os anunciáis gratis?» Es la pregunta que más nos hacen en Reus, y es la correcta. La contestación no tiene truco: se trata de restar lo que cuesta sacar las cosas de lo que valen una vez fuera. Es una operación de dos líneas que puedes hacer tú mismo, en tu salón, antes de hablar con ninguna empresa.
Vamos a desarrollarla con los mismos criterios que aplicamos al revisar los vídeos que nos mandan desde Reus y el Baix Camp. Cuando termines de leer sabrás qué acerca tu piso al cero, qué lo aleja y qué datos nos ahorran preguntas cuando nos escribas.
El dinero de una jornada sale de dos sitios y conviene verlos juntos
El dinero de una jornada de vaciado se va en cuatro conceptos. Las horas de las personas que trabajan. Los kilómetros y viajes del camión. El tiempo de clasificar y llevar cada material a su destino. Y la tasa que cobra la planta por cada kilo que recibe para tratar. Todo eso se puede calcular con bastante precisión antes de empezar, a partir de lo que se ve en el vídeo.
En la otra columna está lo que ingresa el trabajo: la venta de muebles y objetos, el metal que se paga al peso, lo que una entidad social puede aprovechar y que por tanto no genera coste de vertido. Si esa columna es igual o mayor que la primera, no hay factura. Si es menor, la diferencia es tu precio, y te la enseñamos separada por conceptos en la misma respuesta escrita.
Lo que guarda la casa pesa más que sus metros de escritura
En Reus lo comprobamos cada semana. Un piso de sesenta metros con buenos muebles puede cubrir la jornada completa, y otro de ciento veinte casi vacío, con cuatro trastos sin valor, puede no llegar. Por eso nuestra primera pregunta no es cuánto mide la vivienda, sino qué hay dentro y cómo está.
Suman mucho los armarios de luna, los aparadores y las cómodas de madera buena, los comedores completos, los radiadores de fundición, el cobre de una instalación antigua, los grifos de latón, las máquinas de coser con pedal, los bancos de trabajo con su herramienta, las bicicletas y los electrodomésticos que todavía funcionan. En el Camp de Tarragona todo eso encuentra comprador sin dificultad.
Cada fracción lleva su destino apuntado y eso también suma
El reparto de destinos también cuenta en la resta. Lo que se puede volver a usar se vende o se cede a entidades sociales de la comarca, que piden sobre todo menaje, ropa de casa y muebles en buen estado. El hierro, la madera, los tejidos y los aparatos se separan dentro del piso desde el primer viaje, y cada grupo acaba en un gestor autorizado que firma su justificante.
Lo que no tiene otra salida va a la deixalleria y se paga por peso: colchones hundidos, cascotes de una obra antigua, tableros hinchados por la humedad, sanitarios rotos. Si hay poco, la cuenta sigue cuadrando. Si ocupa media casa, lo verás como partida independiente, con el peso calculado y su tarifa.
El ascensor es la pieza que más veces empuja la balanza al cero
La cabina marca el ritmo del día, y por eso decide tantas cuentas. Con cabina, o viviendo en un bajo o un primero, la bajada no se detiene: el colchón entra de pie en el ascensor, la carretilla sube vacía y baja cargada, y el equipo no para. A ese ritmo, un piso entero se despacha en un día.
En esto Reus juega con ventaja. El barri Gaudí, Mas Pellicer, Fortuny, Mas Abelló, Horts de Miró, la Pastoreta y Bellissens son barrios de bloques con ascensor original o instalado en rehabilitaciones posteriores, de modo que el factor que en otras ciudades lo decide todo aquí, en la mayoría de portales, ya viene resuelto.
Dónde espera la furgoneta en cada anillo de la ciudad
La calle es la otra mitad del acceso. En los ravals de Santa Anna, Jesús, Robuster y Martí Folguera la circulación es de doble sentido y casi siempre hay una zona de carga a pocos pasos del portal, así que el trabajo no depende del reloj. En el ensanche y en los barrios más nuevos el camión aparca directamente enfrente.
Dentro del nucli antic —las calles de Monterols y Llovera, el Mercadal, los alrededores de la plaça de Prim— todo funciona de otra manera: calles peatonales, horario limitado para cargar y un tramo a pie hasta el punto de carga más cercano. Medimos ese tramo antes de dar un precio, porque no es lo mismo llevar cada mueble quince metros que ochenta con carretilla.
Tres encargos del mismo mes con tres respuestas distintas
Un ejemplo vale más que la teoría. El primero, un tercero en Mas Pellicer con ascensor, un comedor entero, la lavadora funcionando y una galería llena de bicicletas y hierro viejo: no se cobró nada, porque había valor, había cabina y había sitio abajo. La respuesta cupo en dos frases.
El segundo, un cuarto sin ascensor en el Centre con el altillo lleno de escombro de una reforma antigua: ahí sí hubo importe, justificado por dos conceptos, las horas de bajada a pulso y los kilos destinados a vertedero. El tercero, una casa en Riudoms con patio, cobertizo, arcones y aperos: grande, pero el hierro y los muebles macizos compensaron y el camión llegaba hasta la puerta, así que tampoco hubo factura.
Lo que recibes por escrito antes de que empiece la jornada
El mensaje que te mandamos depende de cómo encajen esas piezas. Si encajan todas, te enviamos el compromiso de coste cero antes de mover ningún mueble, y ese mensaje lo puedes reenviar a tus hermanos o a quien tenga que dar el visto bueno. Si alguna falla, el texto señala el concepto afectado y separa sus horas, sus viajes y sus tasas.
No hay más misterio: una resta con todos los números a la vista desde el primer mensaje. Tienes más detalles en la página de servicios, la lista de barrios y pueblos y, cuando quieras, el formulario de contacto.